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RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

De la Responsabilidad Social Empresarial a una nueva empresa consciente, solidaria, colaborativa, comprometida y socialmente responsable

A la mayoría de las personas, de toda la vida, nos han unido de forma natural, ciertos valores que hemos dado por buenos y que apreciamos, como la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad o la participación democrática, valores todos ellos, que además se encuentran expresamente reflejados en las constituciones democráticas de todos los países. Las empresas, que son y están constituidas por personas, y que por lo tanto les unen esos mismos valores, los han hecho suyos en la misión y visión de sus proyectos, así como en la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Los modelos políticos, sociales y económicos de los últimos tiempos, nos han alejado bastante de esos valores, nos hemos dejado llevar y hemos terminado construyendo un escenario falso, donde el protagonismo se lo ha llevado el individualismo, el egoísmo, lo competitivo, la imagen personal y el aparentar algo que en verdad no somos ni queremos. Ello explica que tengamos aún modelos de Responsabilidad Social Empresarial, más próximos a estrategias de marca e imagen para competir mejor, que de los valores que realmente defendemos, convirtiéndose estos modelos de RSE en una mera declaración de intenciones, circunstancia habitual que desgraciadamente se da en muchas y conocidas empresas líderes en su sector.Playa y acantilados. Responsabilidad Social Empresarial

Es justo mencionar y aplaudir a esas pocas empresas también conocidas que sí tienen interiorizados e implementados estos valores en sus estructuras y procedimientos de forma auténtica y responsable. Confiemos en que llegue pronto un liderazgo empresarial más consciente y responsable que nos lleve a un escenario en el que sean los propios accionistas de las grandes corporaciones los que les “exijan” actuaciones sostenibles y socialmente responsables en los mercados para seguir invirtiendo en ellas.

Mientras tanto, siguen naciendo nuevas empresas, desconocidas que no necesitan convencer ni gritar a los cuatro vientos, de su actitud consciente, solidaria, colaborativa, comprometida y socialmente responsable con dichos valores. Son empresas que están construyendo un nuevo escenario, dando paso a una Responsabilidad Social Empresarial de segunda generación, con modelos de gestión adaptados a este siglo XXI a una nueva visión política, social y económica, que realmente es la que queremos la gran mayoría de las personas, y que no es otra cosa que el bienestar social y el bien común para todos y no sólo para unos pocos.

En los tiempos de cambio que ahora corren, donde cada vez nos sorprenden menos lo que pasa en el ámbito político, social y económico, nos vamos familiarizando con nuevos términos como por ejemplo el de Triple Balance en las organizaciones, como propone Praxxis, donde la empresas, teniendo como raíces sus valores, buscan en su gestión, un balance equilibrado tanto en el ámbito económico y social como en el medioambiental.

En lo económico, porque claro que hay que medir nuestros resultados. Las empresas tienen que ser rentables, eficientes y optimizar sus recursos. Pero ello no implica tener que crecer de forma ilimitada, tener que fusionarse continuamente y financiarse con formas poco éticas. El tiempo nos está dando la razón de que el crecimiento ilimitado e infinito en un ecosistema limitado y finito, no sólo no es el camino, sino que es insostenible.

Lo natural, al igual que ocurre en las personas y en la propia naturaleza, es crecer hasta un tamaño óptimo para después madurar y mejorar. Y desde éste mejorar, crecer como colectividad, como sociedad, y evolucionar como humanidad. Eso de “crecer o morir” ya está muy desfasado. Cómo decía Fernando Trias de Bes en un artículo, ahora se trata de “crecer o vivir”, pues trabajamos para vivir y no vivimos para trabajar. No crecer también es una opción válida. La clave está en la mejora continua y la búsqueda de la excelencia, en el “mejorar o morir”, y esto es posible en cualquier empresa, de cualquier tamaño sin necesidad de crecer cada vez más. El éxito está en mantenerse.

El dinero debe volver a estar al servicio de la sociedad y no ésta al servicio del dinero, y ser un medio en vez de un fin en sí mismo y el único fin. Necesitamos que existan unos límites, que permitan una distribución más justa de la riqueza y que se reduzcan las desigualdades sociales.

Nace un nuevo consumidor más colaborativo, más creativo y productor (Prosumer), y un nuevo productor más cercano al consumidor final. Las nuevas tecnologías están siendo el factor disruptivo clave que está dando paso a nuevos y alternativos modelos económicos, que están creando esa “nueva economía”.

En lo social porque todas las personas somos socialmente responsables de lo que ocurra en nuestro entorno. Las empresas, dirigidas por personas, son igualmente responsables de cómo afectan sus actividades a todos los grupos de interés; proveedores, empleados, clientes, vecinos, comunidad, y por supuesto la propia naturaleza donde desarrollan sus actividades. Y cualquier decisión tomada a la hora de elegir un proveedor, diseñar productos, contratar empleados, horas extras, vender productos/servicios a los clientes, establecerte en un territorio determinado, o el tratamiento de los residuos que produzco, cualquiera, tendrá un impacto social y será de vital importancia para crear un entorno social equilibrado, justo y sostenible.

En lo medioambiental, porque no podemos olvidar el entorno donde vivimos. La tierra es nuestra casa, es la madre naturaleza, que con la vida que alberga y sus procesos naturales, nos está enseñando continuamente con el ejemplo, lo que tenemos que hacer y poner en práctica para ser sostenibles. Hacer oídos sordos nos lleva al camino de la autodestrucción y a nuestra madre tierra poco le preocupará porque aunque no estemos, ella seguirá estando ahí. La reciente cumbre de París, parece que nos ha llenado de euforia y entusiasmo poniéndonos por fin de acuerdo por primera vez a todos, en las medidas a tomar para frenar el cambio climático. Confiemos que no caigamos de nuevo en la hipocresía de no atajar el problema en su origen. En este sentido, una vez más tenemos que marcar unos límites, como en el tema económico. Si verdaderamente queremos disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, tenemos que poner el foco en limitar la extracción de esos combustibles fósiles. No es coherente lanzar por un lado un mensaje de libertad total para extraer sin límites, y a la vez otro de que vamos confiar que “seréis buenos” y no los vais a quemar. Resulta patético ver en los medios, como en algunas ciudades de China, los ciudadanos pasean entre las tinieblas de humo y contaminación, con mascarillas, para no respirar ese insalubre ambiente, provocado en gran medida por una irresponsabilidad global medio ambiental y por un modelo consumista de crecimiento ilimitado. No olvidemos que cada uno de nosotros somos los que al final libremente decidimos y los últimos responsables de los bienes de consumo que compramos, que se fabrican en esas grandes ciudades.

Hace ya demasiado tiempo que las personas y las empresas entramos en esa dinámica inconsciente e irresponsable de crecimiento competitivo al margen de los valores, creyendo que ese era el camino de la prosperidad.

En esta nueva era de cambio y valores, empezamos a ver la luz al final del túnel, para adentrarnos en una nueva dinámica donde la empresa promueve una cultura basada en valores, está más comprometida, es más consciente, apuesta por el Nosotros más que por el Yo, es más solidaria, colaborativa y socialmente responsable.

Cierto que aún nos queda mucho camino por recorrer, muchas leyes que cambiar y muchas otras que hacer cumplir, haciendo justicia al mandato constitucional que deja bien claro el camino en materia de DDHH y valores. Ahora con la globalización, que hay más conocimiento e información, no hay excusa para el inmovilismo y la irresponsabilidad social.

Y no hay otro camino que el del compromiso personal de seguir avanzando y sumando, predicando con el ejemplo en cada pequeña decisión de compra o actuación que tomamos a nivel local como personas o como empresas. No importa que seamos desconocidos o sean pocos los que nos oigan, pues de esta manera seguiremos creando ese escenario que verdaderamente queremos, de evolución y bienestar común para todos.

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